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sábado, 29 de agosto de 2015

El poder de las palabras


 
La Palabra: ese arma que le fue entregada al ser humano, y, que todavía hoy, éste no es lo suficientemente consciente de cual poderosa puede llegar a ser.

Una o varias palabras pueden hacer mucho más daño que el más fuerte de los puñetazos. Y, por el contrario, las palabras adecuadas pueden hacer que un corazón abatido salga del pozo de tristeza en el que se encontraba.

Vivimos en un tiempo en el que se habla por no callar. El habla es un don que poseemos las personas y del cual, en muchos de los casos, no hacemos un buen uso de él.

¡Cuidado con lo que decimos a los demás… y a nosotros mismos!

Continuamente nos bombardean con in-puts que se han convertido en un tópico en la conversación social, usándose de manera indiscriminada, sin tomar un momento de reflexión para ver si ese comentario o “coletilla” va a originar más perjuicios que beneficios, tanto en su emisor como en su receptor. Incluso, tan importante es lo que le digo a los demás, como lo que me digo a mí mismo.

Y, es que, a lo largo del día nuestro cerebro recibe un gran número de palabras. Algunas de ellas, quedarán en el olvido, pero muchas otras quedarán en nuestro cerebro de manera inconsciente, y será a “posteriori” cuando veamos sus efectos en nosotros.

Tras una palabra hay un sinfín de matices, algunos de ellos más sutiles que otros, pero que pueden causar estragos en el individuo que las recibe. El poder y la fuerza de las palabras es, realmente, muy grande.

Es por ello, por lo que hay que ser muy cuidadoso, sobre todo, con las cosas que le decimos a un niño, puesto que algunas de éstas pueden tener una importante repercusión en su futuro, marcándole para toda su vida.

Factores a tener en cuenta

De una palabra sería importante a tener en cuenta muchos factores, como por ejemplo:

·         La intencionalidad. El propósito que se esconde tras esa palabra en concreto. Qué quiero conseguir: apoyar, herir…

·         La pronunciación. Si vocalizo correctamente, si añado algún tipo de acento…

·         El tono. Si elevo mi voz, si susurro…

A ello, también podemos añadir dos ingredientes con los que cuenta nuestra cultura:

·         El acompañamiento gestual de las manos, e incluso del cuerpo.

·         La gran cantidad de sinónimos con la que cuenta nuestro diccionario de la lengua española.

Dime como hablas y te diré como eres

La manera de hablar y las palabras utilizadas dicen mucho de cada individuo. Si escuchamos atentamente a una persona, podremos, incluso, sacar gran información sobre su manera de ser o personalidad, problemas, miedos y un larguísimo etc.

Unas características serán más superficiales o generales (si eleva mucho la voz es una persona que le gusta ser el centro de atención; si habla muy bajito es una persona tímida, etc.) Sin embargo, otras, serán más sutiles y menos detectables para mucha gente.

¡Te planteo un reto!

Yo invitaría a todo el mundo a hacer un trabajo personal sobre el poder de las palabras: intentar ser consciente de las palabras que utiliza en su día a día, procurando modificarlas para enfatizar cosas buenas y agradables, creando un ambiente de bienestar, eliminando las palabras de desprecio, malsonantes e insultos. La verdad que es un trabajo duro, pero sus resultados son realmente gratificantes y positivos.

jueves, 27 de agosto de 2015

Leer para crecer (2)


Escribir

Si leer enriquece al hombre porque le permite combinar su inteligencia con la del escritor y así formar un relato único que transforma, cuán importante será entonces el oficio de escribir. Escribir es el retorno del leer, es volver sobre caminos ya recorridos y hacerlos a la inversa mediante creaciones propias. Por eso solo de lectores frecuentes nacerán escritores competentes.

Los escritores son grandes moldeadores del pensamiento. Son termómetros de nuestra realidad. De ahí la importancia de que cada país cuente con su arsenal de escritores, quienes observarán, meditarán y plasmarán lo que somos y lo que nos rodea en un momento histórico determinado. Una sociedad sin escritores es el resultado de una sociedad que lee poco, pero también que observa poco, que reflexiona poco, que se encuentra entre limbos sujetos a los vaivenes de una cotidianidad donde lo extraordinario está vinculado al espanto y a la reacción y no a la belleza ni al pensamiento.

Con apuro

Por otra parte, los escritores son reflejo de lo que somos. Hoy es frecuente observar ciertos narradores que atropellan tramas para contar desenlaces con apuro.

Vemos escritores sin tiempo para describir, limitando sus ambientes a aquellos necesarios para que sus personajes puedan vivir apretados en un espacio reducido. Hay mucha prisa en la narración, semejante a la del transeúnte que a diario vemos en las calles de cualquier ciudad del país. Acción y reacción, espanto y susto, golpe y dolor. Hoy son raros los estilos como el de Gallegos, surgidos de la Venezuela rural de 1929, cuando en Doña Bárbara la belleza y la trama juegan a dúo y el lector participa de ellas mediante una visión detallada y compartida. Hoy no encontramos relatos así porque el país no es así. No hay tiempo y la urgencia y la inmediatez lo inundan todo. Es innegable que las realidades son distintas y así quedan plasmadas en esas letras que descifrará el ojo del lector. Un lector que vive en un mundo veloz, similar al del escritor que lo describe.

Del hogar

Por tanto, si en nuestra conciencia está el deseo de evolucionar como país, como familia y como individuo, el cultivo del hábito de la lectura, así como la formación humana en los valores y en la fe, debe venir intensa y constantemente del hogar, de ese espacio seguro y estable donde se forjan las personalidades y los sentimientos. Por eso, aquel tímido libro al fondo de la bolsa plástica de los útiles escolares debe tener un destino más digno que el mero olvido hasta la apurada y temida hora del examen en el lapso.

Lo importante, lo vital, es que padres e hijos busquen espacios para cálidas y silentes compañías en la tarde de un sábado o en una noche cualquiera, en la que el televisor haga silencio, el teléfono se ignore e Internet se adormezca, a fin de forjar la próxima generación de lectores y escritores venezolanos.

Aquellos que observarán con mente y espíritu crítico nuestro entorno, que lo describirán en crudos relatos para alertarnos de nuestros errores o que idearán mundos mejores para estimularnos a crecer. Venezuela necesita de aquellos que sueñen y retraten un país más justo, más colorido, más grande, pero sobre todo más posible. Esa urgente tarea está en las manos de nuestras familias y nunca es tarde para comenzar.

martes, 25 de agosto de 2015

Leer para crecer


En esta época es común ver por las calles de la ciudad apuradas y precavidas madres cargadas de inmensas bolsas plásticas que contienen esos olores tan particulares y distintivos del mundo estudiantil. Una mezcla única de los aromas que despiden la madera de los lápices, el pegamento de barra y los potecitos de témpera, toda ella bajo la fragancia de fondo del odioso pero necesario papel contacto. En muchas de esas bolsas reposará algún reluciente libro de ejercicios de matemáticas, cuadernos y blocks de dibujo. Al fondo, tropezando entre puntiagudos compases y escuadras, habrá tal vez un libro, una novela tímidamente sugerida por un profesor de literatura.

Lo cierto del caso es que esas bolsas reposarán en algún rincón del hogar hasta que se avecine el comienzo del año escolar. Días antes a esa fecha, todo el equilibro propio del descanso quedará irremediablemente fracturado por las abundantes diligencias que rodean esos preparativo. Entonces los olores volverán, ya más dispersos, cuando se vacíen las bolsas olvidadas y se ordenen en la mesa todos los útiles previamente adquiridos. Comenzará así el apilamiento del material y volverá a la luz del día aquella novela aplastada al fondo.

Con el inicio del año, rodeado de esos materiales vírgenes, sin manchas de creyón ni virutas de lápices, el alumno subirá un nuevo escalón en su proceso de enseñanza. Lo inundarán de instrucción técnica y de métodos para resolver complejos teoremas. Asuntos indispensables para su vida profesional y, sobre todo, para su discernimiento vocacional.

Por otro lado, la formación humana, que no conoce de vacaciones ni de treguas y que depende de la familia de cada quien, tendrá un refuerzo, más o menos tenue, en el aula del colegio. En eso consistirá el nuevo año escolar.

Relegado

En esa formación propia del hogar, que comprende a grandes rasgos lo concerniente a la fe, a los valores y a los hábitos, encontramos al usualmente relegado hábito de la lectura. Aquella novela incluida en la gran bolsa de útiles no servirá de nada, no dejará huella alguna, no transformará a nadie, si el alumno no cuenta con un espíritu habituado a la reflexión y a la lectura. Dicho hábito debe provenir forzosamente del hogar. Pareciera ser muy importante el tiempo invertido en Internet, la televisión, el videojuego y el deporte, arrinconando el silencio y la lectura a un espacio minúsculo, a veces inexistente, dentro de los quehaceres familiares. Mientras no surjan en la familia momentos de estímulo a favor de la lectura, seremos una sociedad que cada vez reflexione menos sobre sí misma, lo cual nos transporta a un viaje sin rumbo.

La frase de Schopenhauer: "leer es pensar con la cabeza de otro en lugar de con la propia", devela el poder de la palabra escrita.

Los libros nos conducen a paisajes fantásticos, a situaciones imprevistas y únicas, a realidades sorprendentes que habitan en esa íntima relación que se construye entre lo escrito y nuestra imaginación. No existen mundos fijos en la lectura. Cada quien, de acuerdo a su propia conciencia, a sus vivencias previas, a su particular forma de ver el mundo, entroniza en su ser descripciones y pensamientos de forma individual e irrepetible.
Habrá coincidencias, ciertamente, entre lo escrito y lo asumido, pero una parte importante de la lectura la pondrá siempre el lector. Es ese el tesoro que la familia debe mostrar a los más pequeños de la casa. Si la lectura es un hábito familiar, si hay ejemplos en el hogar que muestren la riqueza de la lectura, entonces será natural la compañía de un libro en la vida de cada individuo y la consecuencia lógica será el crecimiento del espíritu, del vocabulario, del mundo de cada quien.

viernes, 21 de agosto de 2015

Cuestionario al Docente. Respondámoslo internamente


Hoy me dirijo a mis colegas docentes. Me hago estas preguntas y los invito a responderlas desde el silencio de nuestras conciencias, desde donde nadie podrá escudriñar lo que pensamos.

¿Qué respuesta auténtica damos a cada una de las siguientes preguntas?

1) ¿Usted trabaja de docente o es docente?

2) ¿Para usted la docencia es un trabajo o en su trabajo ejerce la docencia?

3) ¿Usted es un trabajador de la educación o es un educador?

4) ¿Usted es docente porque tiene un título o enaltece su título siendo docente?

5) ¿Usted actúa de docente durante su permanencia en la escuela o es docente las 24 horas?

6) ¿Usted falta todo lo que puede o lo más que puede a la escuela, dentro de lo que le permite el marco legal, sin preocuparse por lo que su ausencia pueda provocar a sus colegas, a sus directivos y alumnos, o por el contrario, procura faltar lo menos posible y sólo cuando es necesario porque reconoce que su presencia y acción son importantes, y porque entiende que lo legal no es siempre legítimo y que si bien uno tiene derechos los demás también los tienen y que todos tenemos obligaciones legales y sobre todo morales?

7) ¿Para usted su tarea en la escuela es un rebusque, un extra para engrosar el sueldo, una excusa para tener obra social, feriados y fines de semana, vacaciones un poco más largas; una actividad que puede hacerse a medias ya que no hay tantos controles o, si se la hace mal, nadie se perjudica visiblemente, total qué importa la educación de los alumnos, o usted asume esa tarea con seriedad y honorabilidad, tratando de brindar la mejor formación y brindándose usted como persona, siendo consciente de que su acción tiene consecuencias importantísimas en la formación de los alumnos y en el futuro de la comunidad?

8) ¿Usted trabaja educando o educa trabajando (y también de otras maneras)?

9) Entonces ¿usted es "docente" o es docente?

Una vez más les invito responder estas interrogantes desde el silencio de nuestras conciencias. Las respuestas serán el resultado de nuestra educación y el rumbo que tome nuestra nación. En nuestras manos está gran parte del futuro.

jueves, 13 de agosto de 2015

Las diferencias nos enriquecen


Todos tenemos diferencias, aunque no todos sabemos respetarlas. Las diferencias nos enriquecen porque aprendemos de otros, y no nos limitamos a vivir con lo que conocemos.

Las diferencias son lo que nos hacen ser únicos. Por lo tanto, no es bueno ni malo ser diferente, dado a que todos lo somos, y aunque haya personas que se parezcan, no son iguales, tienen diferentes sentimientos, pensamientos, deseos, etc. Eso es lo maravilloso del mundo, que tienes la ventaja de ser único, de pensar diferente y ser diferente.

Las diferencias no solo se basa en ser diferente físicamente, sino en ser, pensar y actuar diferente. Cada quien es libre de ser como quiera sin tener que ser juzgado por ello, y si dejáramos de preocuparnos por juzgar a otros, comenzaríamos a aprender de ellos y a vivir en PAZ.

Pequeñas dosis


viernes, 7 de agosto de 2015

¿Por qué estudiar?

A todos nos dicen que es importante estudiar, ¿pero por qué? Hay muchas razones en realidad... todas íntimamente relacionadas:

·      Es importante porque quien estudia adquiere conocimientos.

·      Es importante porque el conocimiento es lo único que puede ayudarte a desarrollar tus capacidades completamente.

·      Es importante porque lo que sabes te ayudará a protegerte en caso de peligro.

·      Es importante porque quienes estudian mantienen sus cerebros funcionando sanamente, y sus cuerpos sanos también como consecuencia de eso.

·      Es importante porque saber cosas y entender las razones por las que son o suceden así es lo que te permite cuestionarlas y traer progreso a toda la humanidad.

Pero la razón que más aprecio es esta:

·      Es importante porque la consecuencia de no estudiar es la ignorancia, y los ignorantes son víctimas fáciles de la manipulación personal y social.

No te arriesgues a dejar de ser una persona para comenzar a ser un instrumento. Estudia. No mereces menos que ser un mejor ser humano.

jueves, 6 de agosto de 2015

Psssssst, Profe, es contigo, sí


 
Respóndete estas preguntas:

Tu pedagogía se orienta a:

¿Cultivar la memoria o la inteligencia?

¿La reproducción o la producción?

¿La repetición de datos y conceptos o la solución de problemas?

El genuino educador, más que inculcar respuestas e imponer la repetición de normas, conceptos y fórmulas, orienta a los estudiantes hacia la creación y el descubrimiento; dando rienda suelta a su fantasía creadora, promoviendo su inventiva

martes, 4 de agosto de 2015

Los estudiantes no quieren estudiar


Parto de una pregunta: ¿qué hacemos para que los estudiantes quieran estudiar?

Es interesante la pregunta, porque no es posible preguntar esto otro: ¿qué hacemos para qué los estudiantes se interesen por aprender? Al hecho del que partimos es que a los estudiantes no les interesa estudiar, yo agregaría otro hecho, a los estudiantes sí les interesa aprender. Entonces, si les interesa aprender, pero no estudiar, puedo concluir en dos afirmaciones:

1.  Hay algo en estudiar que no se relaciona con aprender y que no les interesa.

2.  Hay aprendizajes en el estudio que no les interesan.

Suponemos que todo lo que los estudiantes tienen que estudiar es necesario para la vida ciudadana, porque algunos de nosotros lo han pensado y se ha consagrado. Sin embargo, el hecho es que ellos observan que la mayoría de los que terminan la escuela no triunfan como les muestran la televisión y la opinión. Más bien observan que algunos no terminan la escuela y triunfan. Por lo tanto, iguales oportunidades tiene el que no estudia y el que estudia. Conclusión: para qué estudiar,  o, si me obligan, por qué esforzarme en estudiar.

Por otro lado, muchos estudiantes tienen que ganarse la vida desde antes de terminar la escuela, o tienen problemas en casa que anulan el esfuerzo que puedan hacer. Y contra ello, ellos solos no pueden.

El problema de interesar al estudiante en el estudio (una redundancia contradictoria, parece) es equivalente a la del adulto que se interese por un trabajo que no ha elegido o que no le gusta pero que debe continuar.

¿Cuál es la solución?

La solución, en líneas generales, suponiendo que nada cambie en el contexto, es alimentar la necesidad del estudiante por aprender, aunque sea selectivamente. Hacer del aprendizaje una cuestión de vida o muerte ("muerte" en el sentido de pérdida de identidad, que para el adolescente es lo que cuenta). Y nosotros, como docentes, convertir el estudiar en un aprendizaje guiado antes que en una obligación.

Ahora, esto es fácil de decir pero difícil de llevar a cabo. Quizá los estudiantes tengan algo que decir en cómo pueden aprender mejor algo que no les gusta y hacer de la vida estudiantil una convivencia con una meta común. Lo que es difícil igual, pero "una pena compartida es más llevadera", digo.

En otras palabras, mientras involucremos a la mayor cantidad de personas en el problema, preocupadas y dispuestas a ayudar, las posibilidades aumentan. El problema de interesar al estudiante por seguir el camino de la escuela debe ser un asunto de padres, maestros y comunidad, porque ellos son el futuro de la misma sociedad.

Si bien éste es un planteamiento bastante común, no es una solución. Es, más bien, una condición. Lo que se necesita para que los estudiantes quieran estudiar pasa por dos posibilidades:

La primera opción es…

Si van a estudiar algo sobre lo cual no hay forma en que se interesen, se emplean formas de persuasión. Antes de la conciencia del niño como ser humano, eso pasaba por castigo físico, ahora, se buscan formas de “engatusamiento”, en el buen sentido de esta palabra. Sin embargo, hay saberes y aprenderes que no se alcanzan sin obstáculos y displacer (para no decir esfuerzo y pena y dolores), saberes y aprenderes que son necesarios pero nunca serán agradables, por alguna razón real. Digamos que el aprendizaje del error y la mentira (en sus consecuencias), por ejemplo, o la memorización de las tablas de multiplicar (si no encontramos forma para deducirlas o derivarlas de manera feliz). La pregunta es aquí: ¿por qué el estudiante haría el esfuerzo o soportaría el dolor de ciertos saberes y aprenderes? Supongo que eso sucede cuando el estudiante alcanza a ver un bien mayor más allá del momento del “sufrimiento”, es decir, cuando el estudiante es capaz de vivenciar un horizonte temporal suficientemente amplio para darle sentido a ese obstáculo. Pero no basta con esa conciencia, debe ser capaz de autocontrol, de reorientar sus pulsiones momentáneas o de engañarlas o de convertirlas en  algo distinto. Aquí siguen las preguntas: ¿cuándo aprende el estudiante la conciencia de un horizonte temporal y el autocontrol? No suele ser parte de nuestra enseñanza, se consigue sin saber cómo y por eso ni se consigue en la mayoría de los estudiantes. O lo consiguen solos, si les pique el bichito de un hobby o una pasión. Es el aprendizaje de las actitudes. El pariente pobre de la enseñanza actual.

La segunda opción es…

No sirve sin la primera, creo. Es acercar el estudio al estudiante: recrear los planes de estudio según los cambios en la mentalidad del estudiante. Por ejemplo, los planes de estudio por objetivos o por capacidades son adecuados para una sociedad donde el trabajo es modular, tipo línea de montaje. En estos momentos, se tiende a una visión holística de la actividad social, en parte debido a los cambios en las posibilidades de comunicarse e interactuar. Hay que estudiar del mismo modo y los contenidos deben estructurarse así, digamos, en un currículo organizado sobre la base de proyectos y no sobre áreas de conocimiento. Se aprende por situaciones y no por temas, me parece.

Finalmente, ahí lo dejo, para repensarlo.

 

lunes, 3 de agosto de 2015

Bla, bla, bla... ¿Hasta cuándo?


 
No sé si a ustedes les pasa, pero estoy cansado del exceso de diagnósticos y la contrapartida de la poca o nula acción para resolver los problemas educativos. YA SABEMOS que los jóvenes tienen problemas de rendimiento escolar. YA SABEMOS que existen los problemas de disciplina (o de "convivencia", como se dice ahora). YA SABEMOS que la mayoría de los padres es bastante responsable de lo que pasa (precisamente por ser irresponsables). En fin, YA SABEMOS de los problemas originados en la soledad de los chicos, en la sobrevaloración de lo sin valor y la desvaloración de lo valioso.

También sobran los pronunciamientos sobre lo que debe ser la escuela, sobre los objetivos a lograr, sobre las situaciones ideales bastante establecidas que constituyen las metas educativas.

Casi todo eso está bien. Pero... ¿cuándo actuamos? ¿Cuándo tomamos medidas concretas para que los problemas se vayan solucionando o, al menos, paliando? ¿Cuándo habrá un movimiento concreto de voluntades y acciones para aplicar los remedios?

Los problemas que hoy educativamente nos persiguen vienen de años atrás, pero desde que yo recuerdo, los momentos dedicados a la reflexión educativa institucional o jurisdiccional se han gastado en diagnósticos y declaraciones, muchos ya sabidos y callados, mientras que la realidad pasa por el costado.

Los inconvenientes están lejos de solucionarse con inversión material. Es necesario un aumento urgente de humanización, que los docentes, padres y alumnos, sean buenos docentes, padres y alumnos; y que los responsables de la educación (comenzando por los padres y siguiendo con los docentes, directivos, supervisores y autoridades jurisdiccionales, con distintas responsabilidades) no sólo se preocupen, sino que por fin se OCUPEN.

Sigamos diagnosticando sin brindar soluciones efectivas, mientras que el paciente se nos enferma cada vez peor.

domingo, 2 de agosto de 2015

A nuestra institución


 
Yo no sé si exista

Orgullo mayor

Que ser Luberista

De alma y corazón

Amar nuestra institución

Es un deber sagrado

Porque Luis Beltrán Ramos

Es nuestra casa de estudios

Donde todos juntos

Con amor profesamos

                         Alejandro Diaz Valero. Poeta, decimista y escritor

Esta institución, nacida del corazón de esta comunidad de San Jacinto, vio sus primeras luces de la mano de aquel grupo de pioneros docentes y de estudiantes que hoy son parte de una generación que ha construido el país, permitiendo que aquel pequeño pulso de hombres y mujeres progresivamente fuese creciendo para conformarse como una de las instituciones que acogen un número significativo de estudiantes de las distintas partes de la zona en la que se ubica.

Han sido años muy importantes, las generaciones pasadas han logrado al menos transitar en dos o tres oportunidades con nuevos hijos de esta nación, la cuna del aprendizaje les llevo de la mano hasta cruzar la meta deseada e iniciar la gesta en una forma que no cansa.

El corazón de los docentes de hoy, viven embargados en sus corazones del mejor afecto presente y de quienes ya pasaron, así mismo, los docentes que partieron al otro lado del camino, son recordados con afecto por esa labor imborrable que demarcaron sus vidas.

Si bien, esta institución ha transitado por momentos complejos en función a hechos violentos que siempre son lamentables, la realidad es que el balance permite determinar que nuestros éxitos han sido mayores que nuestros errores, es posible que no todos sepan de nuestras glorias, pero hemos sido determinantes en espacios donde pocos han logrado.

Nuestros estudiantes y docentes han sido distinguidos en diversas oportunidades por alcanzar metas que otras instituciones escasamente han conocido, de las manos de estos hijos han salido las obras del trabajo coordinado. Las glorias del éxito han sido llevadas hasta más allá de las fronteras del país.

Sirva esta ventana digital para mostrar al mundo, que somos una comunidad de docentes, estudiantes, personal administrativo, de mantenimiento, directivos y demás quienes todos los días arreamos el sol para iluminar nuestros esfuerzos.